viernes, 25 de febrero de 2011

El mundo en colores del creador de Ogú y Mampato


Son las seis de la tarde en Concón y el sol todavía fluye entre las cortinas del estudio de Themo Lobos; los rayos solares se distribuyen según el ángulo que permite la tela medio transparente, con un entramado de claros oscuros sobre las paredes tapizadas de libros.
El acceso al lugar es por el costado de la casa, evadiendo la entrada principal, a través de una terraza que da directo al lugar preferido del eximio dibujante e historietista.
A sus 82 años es una fuente inagotable de anécdotas que transitan por una memoria impecable, envidiable si se quiere, pese a que el propio Themístocles, su nombre de pila, en vez de considerar esto un privilegio lo cataloga de enfermedad, una especie de hipermnesia, -comúnmente se conoce como "memoria de elefante"-, que le permite transportarse fácilmente a sus seis años, edad en la que ya dibujaba con un estilo propio que anticipaba marcar tendencias.
Ese lugar es su refugio preferido al que llegó hace poco más de 20 años, abatido por el tráfago de Santiago. Se instaló en esta casita de madera que se convirtió también en el hogar de sus inolvidables personajes: Ogú, Máximo Chambónez, Ferrilo, Nick Obre, Alaraco; así también del inolvidable Mampato del que se declara su "padre putativo".
SU MUNDO
Da gusto estar con Themo en ese rinconcito en su apacible vivienda en la que se alcanza a respirar el aroma del mar que baña las playas de Concón y al que tiene el privilegio de acceder sólo sus amigos, como Luis, profundo conocedor y admirador de la trayectoria del dibujante. Ese mismo día le llevó de regalo un compendio de historietas de Dick Tracy de los años 30'; la ocasión se prestó para emprender una tertulia, una de las actividades preferidas de Themo Lobos, que se acomodó en su escritorio bajo la permanente vigilancia de Facundo y Lola, sus inquietas mascotas, ambas producto de una acertada mezcla de poodle con maltés.
SUS RECUERDOS
Ajeno a las tecnologías digitales actuales señala su amplia biblioteca como su mejor "Internet", ahí se nutre de los conocimientos que gusta y necesita. La literatura clásica sigue siendo su debilidad. Mark Twain y Kafka, son los primeros que se le ocurren al momento de revisar los autores en los que reincide con cierta frecuencia, manifestando su rechazo a los fenómenos literarios actuales calificados de "best seller" con los que todavía no logra plácida lectura.
"No le encuentro gracia a esa escritora chilena que una vez que la leí, noté su narrativa muy parecida a la de otro que cultiva el realismo mágico…Y no, no me gustó, es una copia".
Y es que, si hay algo que recalca, en su éxito como dibujante es que nunca copió para inventar nada; de eso se precia y enorgullece de haber creado todos sus personajes e historietas de ideas propias, de sus cercanos; de hecho sus hijas -Ada y Ondina- aparecen en sus tiras cómicas, los mismo que su hijo Andros y sus nietos; caso puntual: Martín Conejín.
AMISTAD DE VERDAD
Pero también transita por esas creaciones suyas que lo marcaron y que estuvieron alejadas de la comicidad. Son muchas, pero una de ellas es la Historia del padre Alberto Hurtado, una historieta que el propio padre René Poblete le encargó aunque no se conocían ni en persona.
Themo le advirtió de su postura alejada de la Iglesia "no soy creyente, soy agnóstico" le advirtió; sin embargo el sacerdote recalcó que nada de eso importaba y que lo único que le interesaba es que no fuera otra persona sino él que pintara la vida del santo.
Así surgió una amista entrañable que se mantuvo por años, hasta que la muerte sorprendió a Poblete, situación que lo marcó. Hoy lo recuerda con gran afecto.
En medio de tantas anécdotas y una rápida evaluación de su existencia es Hijo Ilustre de San Miguel, asegura que es un hombre feliz, que sólo tuvo 4 enemigos en su vida, pero ya no los tiene porque no queda ninguno vivo, entre ellos un "farsante" que le robó y le copió sus dibujos. "Pero ya no me importa", asegura.
A propósito, no quiere nada de referencias a ese incómodo episodio con Pepo, con el que se generó una disputa por la autoría de Condorito, el personaje de tira cómica más emblemático de Chile. No da lugar para entrar en detalles porque asegura que ese capítulo hace rato quedó oleado y sacramentado. Sólo se refiere al él con respeto y cariño.
Aunque ya no dibuja tanto como antes, está convencido que lo va a seguir haciendo hasta el día de su muerte. No le interesan que lo recuerden de alguna manera especial, sólo aspira a ser recordado. "Porque mientras me recuerden voy a seguir vivo", dice.
De escribir sus memorias, lo ha pensado, pero no se ha animado, esa será una de las grandes tareas que tendrán que cumplir sus descendientes.

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